Sangre menstrual en el cine


Estamos acostumbrados a ver cantidades ingentes de sangre en la ficción audiovisual. A veces ocurre en pequeñas dosis (un corte, un rasguño, un pequeño accidente...) y, otras, de manera realmente gráfica e incluso desproporcionada. Sin ir más lejos, todos conocemos el gusto de Tarantino por la utilización de la sangre para realzar la violencia y el dramatismo en muchas de sus escenas. Y está bien, no lo cuestiono, al fin y al cabo de sangre estamos hechos todos (y por la cantidad de sangre que sale de los cuerpos de sus personajes nadie se atreverá a negar lo "vivos" que están sus personajes). 
Sputnik, mi amor es mi libro favorito de Haruki Murakami y, también, uno de mis libros predilectos en general. Cuando pienso en él siempre me viene a la mente una de mis partes favoritas:

Hace tiempo cuando se estrenó Grupo Salvaje, de Sam Peckinpah, en la rueda de prensa una periodista alzó la mano y preguntó en tono inquisitivo:"¿Qué necesidad creen que hay de mostrar tanta sangre?". Ernest Borgnine, uno de los actores, respondió con aire perplejo: "Pero señora, es que, cuando te disparan, sangras". La película se filmó en plena época de la guerra del Vietnam.
Me gusta esa frase. Posiblemente sea uno de los principios básicos de la realidad. Aceptar las cosas difíciles de desentrañar, aceptar el hecho de sangrar. Disparar y sangrar.
Es que, cuando te disparan, sangras.


Todos sangramos cuando nos disparan. Cuando nos cortan, también sangramos y esa vez que ibas en bicicleta y te diste de bruces contra el suelo es probable que sangraras también. Yo sangré por los dos orificios nasales cuando decidí que era buena idea ponerme de portera y me dieron un buen pelotazo en la cara. Pero yo también sangro sin que me hagan daño y no, no es un súper poder (sería un súper poder un poco inútil a no ser que intentaras hacerte el muerto para pasar desapercibido en una masacre de la mafia o algo así). La mitad de la población sangramos sin que nos hagan daño (pero de manera dolorosa) todos los meses y mi perplejidad es equiparable a la de Ernest Borgnine cuando aún la sociedad se empeña en ocultar la sangre menstrual. "¿Qué necesidad hay de mostrar sangre menstrual?" oigo preguntar y, en mi cabeza, siempre contesto lo mismo que el bueno de Borgnine: "Pero señor, es que, cuando me baja la regla, sangro".
La sangre de la regla sigue siendo un tabú y, por supuesto, las películas y las series no se libran del estigma. Contestad sinceramente ¿Cuántas películas habéis visto en las que se muestre sangre menstrual? Hay muy pocas, os lo aseguro. A veces la regla es tratada de manera sexista en el audiovisual, otras no, en ocasiones es posible ver un enfoque natural sobre el tema y eso es fantástico (gracias Orange is the New Black), pero ¿Dar a entender que la sangre falsa que estás enseñando ha salido de la vagina de una mujer? "¡Eso jamás! ¡Eso es soez! ¡Estamos dispuestos a ver decapitaciones, su señoría, pero no la sangre que ha salido de la santa vagina de aquella mujer!"
Solamente soy capaz de señalar tres películas en las que se muestre sangre menstrual. La primera es El lago azul (1980) una película sobre dos niños que naufragan en una isla y crecen allí, completamente solos. La segunda es The Runaways (2010), el biopic protagonizado por Dakota Fanning y Kristen Stewart sobre la famosa banda de rock. Esta película dirigida por Floria Sigismondi da comienzo con una escena del personaje de Dakota buscando un baño porque le ha bajado la regla y somos capaces de ver el hilo de sangre que le baja por la pierna. Recuerdo que cuando vi la película pensé: eso mola, esto está bien, puedo sentirme identificada con esta chica. Es natural y es el tratamiento que me gustaría ver de la regla en otras películas.
La tercera es Carrie (1976) dirigida por Brian de Palma e inspirada en la novela del famoso Stephen King, así como su remake del 2013 dirigido por Kimberly Peirce. Mucho puede discutirse de la escena en la que a Carrie le baja la regla en los vestuarios de las dos versiones (y de la representación de la mujer en Carrie en general) pero parece que la original está rodada desde una perspectiva más masculina (a través la sexualización del cuerpo femenino, el empleo de la música idílica y la sensación de que somos un espectador furtivo observando la desnudez de las chicas), mientras que la nueva parece enfatizar el malestar de la protagonista añadiendo, para ello, una cantidad de sangre desproporcionada para la primera menstruación. La sangre aparece para la protagonista como una intrusa peligrosa, como algo que la amenaza (porque ve sangre y desconoce el porque, su madre, una fanática religiosa, nunca le ha explicado qué es) y que provoca la burla de sus compañeras. No es representado como algo natural si no terrorífico.
A lo que quiero llegar con todo esto es que me gustaría que la regla dejase de tratarse como un tabú en las obras audiovisuales. Me molesta como la gente parece no darse cuenta de lo importante que es el cine o las series a la hora de perpetuar el androcentrismo y creo que si estuviésemos más acostumbrados a ver sangre menstrual en la pantalla (de manera justificada o cumpliendo un papel como artefacto narrativo o dramático, lo mismo que le pido a la otra sangre) dejaría de ser, poco a poco, algo sobre lo que nos avergüenza hablar o que provoca burlas ¿Estoy pidiendo tanto? ¿De verdad?

Si os interesa entender mejor Carrie y esta escena os recomiendo el artículo de Holy L. Derr para Ms Magazine.

4 comentarios:

  1. ¡Wow! Has tocado un tema muy importante. Tienes razón, se sataniza el hecho de saber que una protagonista está menstruando y más horror el verlo gráficamente, pero esto no tiene otra explicación más que la cultura machista en la que vivimos. O al menos esa es mi explicación, y no, no soy de esas chicas hembristas que les da por discutir todo cuanto haga un hombre sino que trato de ser razonable: si nuestros antepasados no hubiera inculcado algo como eso no se crearía esa satanización. Incluso hay culturas en donde las mujeres -cuando están en sus días- tienen que encerrarse en un cuartito porque les está ocurriendo algo muy malo. Da tristeza, pero aun en este siglo que se jacta de ser moderno y liberal encontramos estás tonterías.

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    1. Es totalmente culpa de una sociedad patriarcal, por supuesto. Entiendo a lo que te refieres cuando usas el término hembrista pero creo que no es del todo correcto usarlo (o al menos así lo defienden ciertas teóricas feministas), ya que es un neologismo producto de la ridiculización machista del feminismo. El hembrismo sería la superioridad de la mujer sobre el hombre y, en la sociedad, es un "estado" falso. No sé si me explico. Sólo quería aclararlo porque hasta hace relativamente poco yo también lo usé sin ser consciente de esto :)
      Es una tristeza pensar en que hay mujeres que no pueden salir de casa por el mero hecho de tener algo tan natural como la menstruación...
      ¡Gracias por leer y comentar! :)

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  2. Ay, madre, qué entrada tan maravillosa, Violeta. Cuando vi The Runaways pensé exactamente lo mismo: "esto empieza bien". Es incomprensible que sigamos mirando a la pantalla sin ninguna reacción mientras vemos cómo alguien se desangra o pierde una pierna, pero muchos sientas necesidad de apartar la mirada cuando se menciona la regla. Es un tabú que hay que romper, y tenemos que empezar nosotras. Entradas como ésta son importantes. Un besito 💛

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    1. ¡Gracias mil, Cris! ♥︎
      Aún queda un largo trecho pero yo creo que es posible llegar a normalizarla en el audiovisual, cosas como The Runaways lo demuestran.
      Muaaa ♥︎

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